lunes, 1 de junio de 2015

Dedicado a los mineros que trabajaban bajo tierrra desde niños y tuvieron un cruel desenlace



Jamás pudo ir al colegio,
Pues su vida era la mina
Desde bien niño aprendió el oficio
¡Maldita Rutina!

Bajar a la galería,
tragar polvo, entre humedad y sudor
eran su día a día
despertando su temor

Cargar vagonetas
Rebosantes de piedra
Durante jornadas bien completas
Cargadas de locura, donde te abandonaban las fuerzas

Si no encontraba un trabajo mejor
La mortal silicosis, sin duda
Se apoderaría de tan valiente luchador,
Dejando su vida desnuda

Pero no había elección
Mantener una familia en pie
Requería una dura decisión
Y así el tiempo dejó correr

Su refugio, rezos al señor
Pidiendo por su supervivencia
Aclamando no ser sepultado por un temblor
Tantas muertes al día, pesaban sobre su conciencia

Aquella cárcel de carbón
En las entrañas  del Tierra
Tornaron de infelicidad su corazón
Sólo al cariño familiar se aferró

Después de tanta penuria y crueles años
Cuando su trabajo terminó
Sus pulmones le fallaron
La vida le dió la espalda, le dijo adiós


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